YO SOY Uno en la Unidad.


YO SOY Uno en la Unidad
En el corazón de Dios
Dios YO SOY
Porque YO SOY Dios
Porque todo lo que Dios creo lo creo de su propia sustancia
Por lo tanto todo es Dios
YO SOY parte de ese todo
YO SOY Dios
YO SOY Uno
YO SOY la unidad
YO SOY la esfera de la unidad que abarca el cosmos
Renuncio a toda imagen de un Dios externo
Renuncio a toda imagen de un Dios en el Cielo
Renuncio a toda imagen de un Dios en un mensajero
y solo acepto la única verdad de que Dios está en mi

porque YO SOY Dios en su mas pura manifestación.

Yo estoy aquí y he venido a manifestar la plenitud

de mi amor y mi Luz a la tierra.
YO SOY el Jesús el Cristo, YO SOY el Cristo Jesús

en cada uno de vosotros, ya no me veáis afuera porqu

e yo siempre he estado adentro.
Rechazad vuestra mente carnal
que es la que os quiere hacer creer en los maestros externos

y en el Dios externo.
Yo he venido pero realmente siempre estuve aquí

porque soy uno en cada corazón que vibra
y en cada corazón que se abre.
Soy uno en el corazón del cosmos
Soy uno en vuestro propio corazón



SOMOS UNO

SOMOS UNO

domingo, 23 de mayo de 2010

Siendo nada, soy todo

Siendo nada, soy todo Nuestro verdadero Yo ilimitado, al proyectarse a través de una estructura determinada de energía y conciencia, se confina en los límites de esa estructura y asume el papel de un yo finito y separado. La visión errónea producida por esta oscurecedora identificación del yo, que en cuanto infinito es uno con todo pero en cuanto finito se enfrenta a un universo ajeno, constituye el drama central de la existencia humana. Por eso, todas las tradiciones espirituales invitan a investigar vivencialmente sobre la propia identidad -"conócete a ti mismo"-, porque ello nos permitirá comprobar, de forma directa, que el personaje con el que estamos habitualmente identificados no es sino una minúscula expresión relativa de nuestra realidad integral. El mensaje unánime de la sabiduría universal propone, básicamente, desligarse de la fijación exclusiva sobre el yo existencial y lograr un anclaje en el Yo esencial, trascender la persona superficial, encerrada en sus estrechos límites, y descubrir el profundo Ser central, que no es sino la simple y diáfana lucidez infinita en la que están surgiendo la totalidad de los mundos, espontáneamente, en cada instante. En su centro, el ser humano es inmutable, eterno, sin nacimiento ni muerte. En su periferia, sin embargo, es cambiante, efimero y está naciendo y muriendo permanentemente. No se trata de rechazar ninguna de ambas facetas, porque, de hecho, forman una única realidad indisociable, sino de desplazar el centro de gravedad desde la ilusoria existencia separada que creemos ser en la superficie, hasta la verdadera identidad omniinclusiva que somos en el fondo, desde siempre. Para el Yo único no hay dos yoes. La presunta entidad individual, contingente y transitoria, es meramente un reflejo en miniatura del único y eterno Sí mismo, un simple rayo proyectado desde el Ser autorrefulgente e infinito. José Díez Faixat

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