Por Walter Javier Velásquez y Jesús María Rodríguez
Con el sincopado llegaría el caos Antes de comenzar, recordemos brevemente el artículo anterior: Los ritmos de la naturaleza responden a unos patrones específicos. La música ha copiado estos patrones. El sincopado (literalmente sin compás), es el ritmo que está por fuera de los patrones naturales. El sincopado no respeta los patrones de tiempo y duración de los ritmos musicales. Por ejemplo, un vals, consiste básicamente en un golpe fuerte seguido por dos golpes más suaves. Una marcha, por otro lado, consiste generalmente en un golpe fuerte seguido por un golpe suave y así sucesivamente. El sincopado es una alteración o interrupción del flujo regular del ritmo, pone el acento en la sílaba incorrecta, donde normalmente no debería estar. Otra forma de sincopado es la subdivisión de los tiempos colocando el acento en medio de dos golpes. Los ritmos sincopados –contarios al orden universal- desestabilizan todo lo hallado.
Con el sincopado, el ritmo se salió de la base sobre la que todo fue creado, para ser sometido a variaciones y alteración que tiene un gran efecto en el escuchante. Hoy en día la gran variedad de ritmos musicales que escuchamos tiene sus bases en el sincopado. En experimentos realizados por científicos, se ha demostrado que las plantas que fueron expuestas por varios meses a música cuyos ritmos están basados en la naturaleza presentaron gran producción de frutos. Por el contrario, las que fueron expuestas a ritmos sincopados como el rock, produjeron pocos frutos y de mala calidad.
La caída de África El continente africano fue en épocas muy antiguas epicentro de una gran civilización que alcanzó una Era Dorada, paralela a la época de la Lemuria. La población que se estableció allí había manifestaba un alto grado de desarrollo espiritual. Eran fácilmente reconocidos por el color morado oscuro matizado de azul de su bella piel. Por esta razón fue conocida como la raza azul-violeta, colores que representan el Alfa y el Omega dentro de los siete Rayos de la creación.
Los Maestros Ascendidos nos han enseñado que en algún momento de la historia cósmica, un grupo de ángeles se revelaron en contra de Dios. Su orgullo no les permitió aceptar la orden de servir a los Hijos e Hijas de Dios, a quienes consideraban inferiores a ellos. Fueron arrojados del cielo –estado de conciencia basado en la Unidad- por el Arcángel Miguel. La misericordia de Dios les permitió seguir evolucionando en los planos de la materia junto con los hijos e hijas.
La mayoría de estos ángeles, liderados por Lucifer, decidieron emprender la guerra contra las hijas e hijos de Dios. Para esto los tentaron e hicieron que cayeran en la conciencia de la dualidad, es decir, la creencia en la separación de Dios y su creación. Estos ángeles caídos descendieron por toda la tierra. En el continente africano se concentraron en generar la “caída” de la raza azul-violeta a través de la perversión de los ritmos de la naturaleza.
Estos rebeldes conocían muy bien los ritmos de la creación de Dios y sabían que si los invertían y dañaban, generarían el caos y la destrucción. Se introdujeron en la cultura africana y enseñaron el ritmo sincopado. Los tambores africanos, cuyo sincopado frenético altera la conciencia, es el legado de los ángeles caídos. El mal uso del ritmo degeneró las conductas sexuales y la armonía natural de las personas. En un periodo que abarcó varios miles de años, el sincopado deterioró la cultura y la religión hasta terminar en ritos como el vudú. En ellos, el sacrificio de animales y la música de los tambores es imprescindible para alcanzar estados alterados de conciencia en los cuales se comunican con sus “dioses”; que no son más que demonios astrales sedientos de sangre –luz-.
El ritmo sincopado, por invertir los ciclos musicales de la naturaleza, hace que los chakras empiecen a girar en sentido contrario a las manecillas del reloj. La luz de estos centros energéticos se sale de control y empieza a ser emitida en forma desordenada y caótica hacia fuera. Es ahí donde las entidades astrales la absorben para alimentarse. Los ritmos sincopados hacen descender en forma brusca la luz de los chakras desde la coronilla hasta la base de la espina, invirtiendo el ascenso de la Luz de la Madre.
Estas descargas súbitas generan un gran placer en las personas, la sensación se asemeja a la del orgasmo. La búsqueda de esta excitación placentera hace que la gente se vuelva adicta de esta clase de música y no pueda vivir sin ella. Sin saberlo se han convertido en las “vacas” de los ángeles caídos, produciendo energía para ellos y siendo periódicamente “ordeñados” a través de la adicción a los ritmos disonantes.
Lamentablemente el continente africano fue la cuna de los ritmos sincopados y desde allí se diseminaron por el mundo. Cuando hablamos de los “ritmos africanos”, lo hacemos para referirnos exclusivamente a esta perversión de la música. No es nuestro objetivo menospreciar a nuestras hermanas y hermanos negros por quienes profesamos un gran amor y respeto. Es más, para nosotros el concepto de “razas” es totalmente obsoleto. Todos somos un mismo espíritu, una sola raza: Hijos e Hijas de Dios, por encima de cualquier distinción que separe a los pueblos.
La influencia de la música sobre la sociedad Los psicólogos, antropólogos e historiadores han menospreciado el papel que ha tenido la música en el desarrollo de las sociedades. La historia mundial siempre ha estado acompañada e influenciada por los ritmos musicales de las naciones y los pueblos. Muy pocas personas se atreverían a sugerir una conexión entre la música de África y Europa y la manera como se desarrollaron estas culturas de manera paralela pero totalmente diferente.
Aristóteles dijo que “la introducción de un nuevo ritmo debía mirarse como un peligro para todo el estado, puesto que los ritmos musicales nunca se alteran sin afectar a las instituciones o a la población”. Se ha dicho desde hace mucho tiempo que “no importa quien escriba las leyes, mientras el que lo haga tenga el poder de escribir la música de una nación”. Algunos pensadores griegos y de otras civilizaciones han sostenido que “la buena música dispone a hombre a la virtud, mientras que la mala música dispone a hombre al vicio”. Los griegos tenían una legislación fuerte para preservar la pureza de la música, los compositores eran confinados e incluso eran aislados, si su música se consideraba perjudicial para el público.
Se cuenta que un emperador Chino, revisaba personalmente cada nuevo ritmo que salía en su nación. Él analizaba la nueva música que llegaba para asegurarse que estuviera en correspondencia perfecta con los cinco tonos o notas de la escala musical china antigua. Con este método el podía predecir si habría una variación en la cultura de su pueblo.
¿Qué sabían nuestros antiguos que nosotros hemos ignorado? Ellos eran concientes del poder que la música ejerce sobre las personas. Un nuevo ritmo musical puede variar las costumbres, la moral y la ética de las sociedades. Como hemos visto en nuestro mundo moderno, la música rock y otros ritmos han impactado directamente sobre las personas en los últimos años, la manera de pensar, de vestir, de afrontar la sexualidad y las drogas, así como la manera de actuar, ha cambiado dramáticamente al compás de los nuevos ritmos.
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