YO SOY Uno en la Unidad.


YO SOY Uno en la Unidad
En el corazón de Dios
Dios YO SOY
Porque YO SOY Dios
Porque todo lo que Dios creo lo creo de su propia sustancia
Por lo tanto todo es Dios
YO SOY parte de ese todo
YO SOY Dios
YO SOY Uno
YO SOY la unidad
YO SOY la esfera de la unidad que abarca el cosmos
Renuncio a toda imagen de un Dios externo
Renuncio a toda imagen de un Dios en el Cielo
Renuncio a toda imagen de un Dios en un mensajero
y solo acepto la única verdad de que Dios está en mi

porque YO SOY Dios en su mas pura manifestación.

Yo estoy aquí y he venido a manifestar la plenitud

de mi amor y mi Luz a la tierra.
YO SOY el Jesús el Cristo, YO SOY el Cristo Jesús

en cada uno de vosotros, ya no me veáis afuera porqu

e yo siempre he estado adentro.
Rechazad vuestra mente carnal
que es la que os quiere hacer creer en los maestros externos

y en el Dios externo.
Yo he venido pero realmente siempre estuve aquí

porque soy uno en cada corazón que vibra
y en cada corazón que se abre.
Soy uno en el corazón del cosmos
Soy uno en vuestro propio corazón



SOMOS UNO

SOMOS UNO

martes, 25 de mayo de 2010

El poder curativo del contacto

Tu hijo se mama abraza bebecae y se hace daño. Se te acerca llorando y gritando como si el mundo fuera a terminarse. - Maaamaaaa, pupa! - Que te ha pasado, te has caído? Ven, ya verás, mamá te cura! Y mientras le frotas o acaricias el golpe con tu mano invocas aquellas milagrosas palabras: - Cura sana, cura sana, si no curas hoy te curarás mañana… Y tu hijo sorbiéndose los mocos y frotándose las lágrimas con su puño te dice: - Ya tá! Y se va corriendo como si no hubiese pasado nada. Esta enternecedora imagen nos ilustra perfectamente el poder curativo del contacto. La base de muchas terapias cuyo origen se remonta más allá del tiempo. El masaje, que alivia tantos dolores, tiene su base en el contacto. Científicamente su explicación es el calor que se desprende por la frotación de la zona dolorida y que actúa como antiinflamatorio y relajante muscular. Pero detrás está la transmisión de energía de la persona que lo realiza, su presencia y su entrega en ese momento. Y tu necesidad de contacto, de sentirte acompañado, de calor humano. Así que cuando a tu hijo le duela su barriguita, o su cabeza, o quizás el oído o puede que una muela; acógelo en tu regazo, deja atrás todos tus pensamientos, tus quehaceres domésticos, las peleas con tu jefe y estate unos minutitos por y con él. Deposita suavemente tus manos en esa zona dolorida y transmítele tu cariño, tu ternura. Envíale tu energía, tu luz y tu deseo de que mejore su dolor a través de tus manos. No necesitas moverlas, no necesitas saber, solo deja que hable tu instinto a través del contacto. Quizás surjan algunas palabras, quizás no. Y verás como mejora. Pruébalo. Atrévete. El mejor y más barato analgésico del mundo: tu amor

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